El juego en la naturaleza es infinito. La imaginación y la creatividad se expanden en nuestra mente, y en la de los niños. El aprendizaje que surge en los paseos por el monte, campo o en la playa mediante el juego y la exploración puede dar lugar a un montón de oportunidades con las que los niños se desarrollan de forma divertida y libre: desde matemáticas con palos, entender el medio que nos rodea, comprender el ciclo anual, la motricidad gruesa y fina, etc.

Estás son algunas de las cosas que los niños experimentan en las Waldkindergarten (Alemania, donde hay más de 5000) y demás bosque-escuelas, situadas mayormente en norte y centro de Europa.

Nosotros no tenemos bosque-escuela pero tenemos la oportunidad de jugar al aire libre y en la naturaleza desde la puerta de casa (vivimos en un pueblecito). Salir a dar paseos viene bien a toda la familia.
Hoy, me gustaría contaros uno de nuestros “paseos con sorpresa”.

Hace un par de semanas Sol y yo dimos un paseo de esos que no se olvidan, de esos que te relajas, de esos que, tras unos días de mucho trabajo, conectas con tu hijo, le escuchas con mucha atención y te lo comes con la mirada.

Nos fuimos a dos minutos de casa, a uno de los huertos de la familia al que llamamos “el huerto de la sombra” o “el huerto de las hamacas”. Es un sitio pequeño, sombrío, con mucha vegetación, árboles grandes y el río al lado. No hay verduras ni hortalizas. Las posibilidades para un niño son infinitas: ramas, frutos, agua, piñas, piedras…

Pero esta vez nos encontramos con una sorpresa: habían salido unos frutos naranjas y rojos de tres árboles.

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Como están sin podar y las ramas salen por todas partes, Sol pudo recoger unos cuantos sin mi ayuda.

Eran lo que llamamos “cascabeles”, primos de las ciruelas, por entendernos. Dulces, ecológicos y recién cogidos, ¿se puede pedir más?

Tras hacer una pequeña degustación, decidimos recoger unos pocos más para la familia y ahí surgió la duda: ¿Cómo lo llevamos?

Así que le dimos vueltas a la cabeza y Sol propuso hacer un “plato” con hojas grandes de otros árboles.

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“Pero… se mueven y se caen. ¿Y si hacemos unos sacos como los que llevan los piratas? Los de las monedas de oro”. XD

Dicho y hecho: con trozos de ramas finas y flexibles hicimos nudos a las hojas y así construimos los “sacos”. ¿A qué quedaron bonitos?

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